Desde hace unos días no estoy sola. Me acompaña a cada momento y en cualquier lugar. Por la noche, en la carretera, de vuelta a casa al atardecer. Cerca de las parcelas que muestreo, en la parte trasera de la bodega, etc.
 
Es el ruido de las máquinas vendimiadoras, el ruido del trabajo, de proyectos cumplidos durante todo un año, el ruido de las ilusiones y el ruido del fruto esperando su momento final. Verlas trabajar es una enseñanza del bien hacer y un verdadero placer para todo aquel que sabe y quiere disfrutar del campo y de nuestros productos como es el caso de la vendimia.
 
El movimiento interior sacude suavemente las uvas, de forma que éstas se desprenden del racimo. Es como succionar la uva dejando el raspón en la cepa  sin dañar la planta. Aquí os dejo el vídeo de una vendimiadora muy sencilla, la llamada “arrastrada”.
 
 
Gracias por estar al otro lado.
Yolanda Hidalgo